miércoles, 25 de septiembre de 2013

El TRABAJO INFANTIL...Edward Palmer Thompson: “La formación de la clase obrera en Inglaterra” (1962)


El TRABAJO INFANTIL no era una cosa nueva. El niño era parte intrínseca de la economía agrícola e industrial (...) La forma predominante de trabajo infantil [antes de la Revolución industrial] era en casa o en el marco de una economía familiar. Los niños más pequeños, de tres o cuatro años en adelante, podían ser empleados en pequeños recados (...)
En todos los hogares las muchachas se ocupaban decocer el pan, preparar malta de cerveza, lavar y otras labores.
En la agricultura, los niños (...) trabajaban en el campo hiciera el tiempo que hiciera, y si no, en la granja. Pero comparado con el sistema de fábrica las diferencias son considerables. En casa o en el campo las faenas eran variadas (y ya se sabe que la monotonía es particularmente cruel para los niños). En circunstancias normales el trabajo no era continuado, sino intermitente, siguiendo un determinado ciclo de labores (...)
[Iniciada la Revolución industrial] muchedumbres de niños se levantaban de madrugada, entraban en las fábricas y aquí permanecían hasta las siete o las ocho de la noche. Consiguientemente, en la últimas horas los niños necesariamente tenían que llorar o dormirse de pie, con las manos despellejadas del frote con la hilaza, mientras que sus padres les daban pescozones para mantenerlos despiertos y los encargados patrullaban sin descanso con la correa en la mano (...)

Edward Palmer Thompson: “La formación de la clase obrera en Inglaterra” (1962)

Fotografía de Lewis Hine

lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Qué debe saber un niño de cuatro años?

Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. "¿Qué debe saber un niño de cuatro años?", preguntaba.
Las respuestas que leí no solo me entristecieron sino que me irritaron. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.
Me molestó mucho que la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación, con listas de todo lo que sabían hacer sus hijos y los de ella no. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. La infancia no debe ser una carrera.
Por todo ello, he decidido proponer mi lista de lo que debe saber un niño (o una niña) de cuatro años:
  1. Debe saber que la quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento
  2. Debe saber que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar.
  3. Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.
  4. Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
  5. Debe saber que el mundo es mágico y ella también. Debe saber que es fantástica, lista, creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor dicho, mucho más.
Pero más importante es lo que deben saber los padres:
  1. Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.
  2. Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro es que leer a los niños de pequeños. No las fichas, ni los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes y ordenadores más rutilantes, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a sentarse a leerles buenos libros.
  3. Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las "ventajas" que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.
  4. Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y la libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes como los LEGO y las construcciones, juguetes creativos como los materiales artísticos de todo tipo (buenos), los instrumentos musicales (tanto clásicos como multiculturales), disfraces, y libros y más libros (cosas, por cierto, que muchas veces se pueden conseguir muy baratas en tiendas de segunda mano). Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, para jugar con montoncitos de alubias secas en el taburete (supervisados, por supuesto), amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.
  5. Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, los grupos organizados para jugar y los entrenamientos de fútbol mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.
Y volviendo a esas listas de lo que saben los niños de cuatro años...
Sé que es natural comparar a nuestros hijos con otros niños y querer asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible por ellos. He aquí una lista de lo que se suele enseñar a los niños de esa edad y lo que deberían saber al acabar cada curso escolar, a partir del preescolar.
Como nosotros estamos educando a nuestros hijos en casa, yo suelo imprimir esas listas para comprobar si hay algo que falte de forma llamativa en lo que están aprendiendo. Hasta ahora no ha sucedido, pero a veces obtengo ideas sobre posibles temas para juegos o libros que sacar de la biblioteca pública. Tanto si los niños van al colegio como si no, las listas pueden ser útiles para ver lo que otros están aprendiendo, y pueden ayudar a tranquilizarnos sabiendo que van muy bien.
Si existen aspectos en los que parece que un niño está por detrás, hay que darse cuenta que eso no indica ningún fracaso, ni del niño ni de sus padres. Simplemente, es una laguna. Los niños aprenden lo que tienen alrededor, y la idea de que todos deben saber esas 15 cosas a una edad concreta es una tontería. Aun así, si queremos que las aprenda, lo que tenemos que hacer es introducirlas en la vida normal, jugar con ellas, y las absorberá de manera natural. Si contamos hasta 60 cuando estamos haciendo la masa de un bizcocho, aprenderá a contar. Podemos sacar de la biblioteca libros divertidos sobre el espacio o el abecedario. Experimentar con todo, desde la nieve hasta los colores de los alimentos. Todo irá entrando con más naturalidad, más diversión y muchas menos presiones.
Sin embargo, mi consejo favorito sobre los niños pequeños es el que aparece en esta página. 
¿Qué necesita un niño de cuatro años?

Mucho menos de lo que pensamos, y mucho más.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El cerebro de los niños con poco amor es más pequeño de lo normal...

La falta de afecto hacia los niños no sólo tienen efectos negativos en su componente emocional; también físicos. Y es que un estudio reciente ha revelado que el cerebro de los niños pequeños que han sido más descuidados por sus madres es más pequeño que el de aquellos que han recibido tratos normales.

El estudio, llevado a cabo por psiquiatras infantiles y neurocientíficos de la Washington University School of Medicine en Saint Louis, ha sido publicado en la revista PNAS, y recogido por el Sunday Telegraph.
Los análisis se basan en una imagen con dos cerebros, el de la izquierda más grande que el de la derecha. El de la izquierda es más grande y tiene menos manchas y zonas oscuras que el de la derecha. Se trata del cerebro de un niño de 3 años que ha recibido unos cuidados normales de su madre y que es constantemente receptiva a las necesidades y estímulos de su niño.

El niño con el cerebro más pequeño había sido víctima de negligencias graves y abusos. Este cerebro, además, carece de áreas fundamentales que sí están presentes en el cerebro de la izquierda.
El niño con el cerebro más grande será más inteligente y tendrá mayores habilidades sociales, además de mayor empatía. Por el contrario, el niño con el cerebro más pequeño será más proclive a convertirse en adicto a las drogas, a participar en crímenes violentos y a estar desempleado. Asimismo, también será propenso a desarrollar enfermedades mentales.

El estudio encontró que los niños cuyas madres les han atendido correctamente durante sus primers años de vida tienen un cerebro con un hipocampo más grande, lo que es clave para el aprendizaje, la memoria y la respuesta al estrés.



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martes, 17 de septiembre de 2013

La educación basada en premios y castigos: un obstáculo para el desarrollo de la autorregulación... por Mónica Serrano.

Falsas creencias sobre la crianza y el desarrollo infantil...

En general se tiene una creencia errónea muy arraigada basada en la idea de que los niños, para desarrollarse adecuadamente, necesitan una instrucción (dirigida e, incluso autoritaria) muy intensa por parte del adulto.
Esta creencia forma parte de la cultura adultocentrista que caracteriza a la sociedad occidental y que infravalora las capacidades naturales de los niños. Se interactúa con los niños desde la firme creencia de que el adulto, por tener las capacidades más desarrolladas que el niño, tiene derechos por encima de él.
Se cree, también, que el carácter innato y la forma de actuar de los niños deben ser moldeados a gusto del educador mediante técnicas de modificación de conducta (basadas en premios y castigos) que no tienen en consideración los aspectos emocionales de la persona.
Asimismo, se desconoce, en general, las características del desarrollo evolutivo de los niños, lo cual genera ideas equivocadas sobre las necesidades de éstos y sobre la manera de favorecer el buen desarrollo de los mismos.
Sin embargo, la realidad es muy diferente. Los niños nacen provistos de grandes capacidades que impulsan su desarrollo si se les permite.
No necesitan una instrucción autoritaria e inflexible por parte del adulto para crecer y desarrollarse. Por el contrario, necesitan una figura de apego que les otorgue seguridad y confianza y les acompañe emocionalmente en su desarrollo, sirviéndoles de protección, guía y referente.
Más aún, para un desarrollo adecuado del niño, el adulto debe comprender y dar respuesta a sus necesidades físicas y emocionales, respetando el carácter natural del niño y su ritmo de desarrollo.

La educación basada en premios y castigos: un obstáculo para el desarrollo de la autorregulación...

Cuando se cría a un niño basando su educación en premiar las acciones que el adulto considera adecuadas y en castigar las que considera inadecuadas, se está impidiendo de manera absoluta la capacidad de autorregulación del niño.
La autorregulación se define como la capacidad de las personas de modificar sus comportamientos y actitudes en función de las propias necesidades y de las demandas de situaciones específicas.
Así, trata de un mecanismo de adaptación al medio social altamente sensible a las influencias ambientales, por lo que los padres tienen un papel esencial sobre el desarrollo de esta capacidad durante la infancia.
La autorregulación permite al niño desarrollar la capacidad de tomar decisiones, hacer elecciones, confiar en sí mismo y ser asertivo.
Cuando se basa la educación en premios y castigos se está vinculando fuertemente la actividad (física y emocional) del niño a condicionantes externos. De este modo, el niño interioriza que su acción ha de estar regulada por la intervención de agentes diferentes de sí mismo.
Así, el niño adopta un papel pasivo en la toma de decisión, la elección, el control de sus propios procesos y de la regulación de sus necesidades, depositando la gestión de las distintas áreas de su desarrollo en manos del adulto.
Además, se orienta la acción del niño a la consecución de un objetivo (premio) o a la evitación de un resultado indeseable (castigo).
Sin embargo, la eficacia de los premios y castigos sobre el comportamiento del niño no es permanente. A medida que el niño crece, pierde el interés en los premios y el miedo a los castigos.
Para mantener la eficacia de los mismos, los premios deberían ser cada vez más atractivos y los castigos más aversivos. Sin embargo, siempre llega un momento en el que este incremento del atractivo o la aversión se torna inviable y los premios y castigos pierden su eficacia como modificadores de la conducta.

Otorgando a otros el poder sobre la vida del niño...

Por otra parte, cuando un niño aprende a actuar en función de condicionantes externos, pierde la posibilidad de desarrollar habilidades personales y sociales propias que le permitan desenvolverse adecuadamente en su día a día.
Desprovisto de estas habilidades (confianza en sí mismo, asertividad, capacidad de autocontrol y de toma de decisiones autogestionadas…), el niño siempre necesitará un condicionante externo.
Cuando este condicionante es impuesto por los padres, son éstos quienes tienen el control sobre su hijo pero ¿qué sucede en situaciones en las que los padres están ausentes? ¿quién toma ese control sobre el niño?
En estos casos, el niño queda expuesto al control de otras personas (maestros, compañeros, cuidadores…). Ante la incapacidad de autorregulación, el niño puede ser controlado por todo tipo de personas, con el peligro que esto conlleva para sí.
Con esto, quería ofrecerte un enfoque basado en la necesidad de autorregulación para justificar lo inadecuado de la educación basada en premios y castigos.
Espero que mi respuesta te haya aportado más luz a una decisión adecuada que ya habías tomado.

Mónica Serrano, blog psicología infantil y crianza con  apego...

martes, 3 de septiembre de 2013

La frustración innecesaria en la infancia...

JAMAS, debe­mos de frus­trar las necesi­dades afec­ti­vas. ¿A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cál­ida o una pres­en­cia en los momen­tos de mayor necesi­dad? ¿A quién le hace daño el amor?
Con­fundi­mos la frus­tración de necesi­dades cul­tur­ales, con la frus­tración de las necesi­dades afec­ti­vas. La única frus­tración salud­able, es la que frena el sin­sen­tido del con­sum­ismo. Con­sum­ismo de la Tv. no con­struc­tiva. De los dul­ces exce­sivos. Sabe­mos que com­prar y com­prar, tapona en pequeños y may­ores, grandes lagu­nas y ausen­cias afec­ti­vas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesi­dades vacías.

martes, 30 de julio de 2013

ELEMENTOS PARA INTERPRETAR EL DIBUJO DE LA FAMILIA

ELEMENTOS PARA INTERPRETAR EL DIBUJO DE LA FAMILIA


Fue el psicoterapeuta  Luis Corman quien inició el estudio del dibujo de la familia. Otros lo han seguido, perfeccionando sus teorías.

En general, se estudian dos aspectos en el dibujo de la familia:

1. El plano gráfico.

No se trata de valorar la estética del dibujo, sino cuestiones relacionadas con el tamaño de los personajes, la forma del trazo, la presión y la situación en el plano del dibujo en su conjunto.

Se considera que el niño vive una situación equilibrada cuando el dibujo se realiza con un tamaño normalizado o grande, con un trazo continuo no cortado o continuamente borrado y vuelto a pintar, con una presión adecuada y situado en el centro de la hoja.

Normalmente el personaje que es dibujado más grande y con más detalles es el que considera más importante.

2. El plano del contenido.

Es importante que al pedirle que haga el dibujo, se le diga al niño que pinte "una familia" no "su familia", así se sentirá poco presionado y reflejará en el dibujo cómo se siente.

Es muy habitual, en niños que presentan celos de sus hermanos, que se dibuje sólo con sus padres. Cuando se le pregunta dónde está el hermano, es normal que responda que de paseo o dormido.

Suele ser también frecuente que el niño se sitúe entre ambos progenitores, representando esto para él la máxima seguridad. Aunque tampoco es raro que se sitúe cerca de uno de ellos, debiéndose averiguar si es con quién más tiempo pasa o con quién más tiempo desearía pasar.

Como detalles podemos destacar la ausencia del dibujo de las manos en alguno de los personajes cuando el niño ya sabe dibujar bien. Eso puede indicar falta de afectividad.

Así podríamos seguir con mil detalles más, detalles que nos muestran cómo el dibujo es un instrumento de comunicación más entre el niño y el mundo adulto.

http://lamenteesmaravillosa.com/Como-interpretar-el-dibujo-de-la-familia-en-un-nino


EL DIBUJO INFANTIL – COMO INTERPRETARLO


EL DIBUJO INFANTIL – COMO INTERPRETARLO
importanciadeldibujo[1]
Como se suele decir, un dibujo vale más que mil palabras, sobre todo si estamos hablando de niños. Nuestros hijos muchas veces no saben expresar sus sentimientos, pero a la hora de dibujar de manera inconsciente plasman todas sus preocupaciones en el papel. Es por esto que en muchísimas terapias psicológicas se utilizan los dibujos de los niños para comprender qué es lo que está pasando. Los expertos pueden conocer las emociones de nuestros hijos en función del tamaño del dibujo, el trazo o el orden. Así, podemos saber si nuestro hijo es tímido, inseguro, movido… Los colores que utilizan también nos ayudan a conocer su mundo interior. Algunos colores significan armonía, tranquilidad… Otros falta de emoción en la vida. ¿Curioso? A continuación, con unos cuantos ejemplos, os mostraremos algunos elementos claves del dibujo para comprender mejor a nuestro hijo. En este artículo el significado del dibujo infantil:
 

El trazo en el dibujo de los niños

La longitud del trazo, la presión, continuidad… aunque observemos dibujos de niños muy pequeños en los que no podemos apreciar ninguna forma, sus variados trazos nos pueden mostrar su personalidad. No siempre se sentirá igual, por lo que sus trazos no siempre serán iguales. A veces se sentirán más inseguros y ocuparán menos espacio en la hoja, otras veces se sentirán enérgicos y apretarán mucho la pintura, etc.
Haizea, 3 años (imagen de la izquierda). Sus trazos son largos y curvados muestran que es una niña tranquila y dócil. Pero también descubrimos que la poca presión que utiliza nos indica que es una niña tímida y sensible. Pero al haber utilizado el espacio completo en la hoja muestra que tiene cierta seguridad en sí misma.
Julen, 3 años (imagen de la izquierda). En este caso tenemos a un niño que ha utilizado casi todos los colores de la caja, por lo que podemos decir que es muy creativo. En cuanto a su trazo, son cortos, enérgicos y bastante rectos, lo que nos muestra a un pequeño impulsivo, apasionado y con un fuerte carácter.

¿Qué orden siguen los niños cuando dibujan?

El niño improvisa a la hora de dibujar. Los niños dibujan las cosas en el orden por las que se le pasan por la cabeza. Lo último en dibujar será aquello a lo que le preste menos atención o incluso algo de desprecio, al igual que las omisiones que, aunque estén hechas de manera inconsciente, corresponden a aquello que no le agrada. Ángela, 5 años. Se ha dibujado a sí misma, a su hermana y a su mamá en primer lugar, con la ropa y el pelo detallados. Sin embargo se aprecia claramente que su padre y su hermano son simples líneas, sin ningún detalle. Esto indica que tiene una mejor relación con las chicas de la casa, o incluso que haya un distanciamiento hacia su padre y hermano. Aunque en éste dibujo predominen los colores oscuros, que es algo que a los adultos suele alarmar, el color negro representa el poder, la elegancia, la fortaleza, seriedad… no siempre tiene por qué ir asociada a algo negativo.

¿Qué significa el tamaño de sus dibujos?

Si hablamos del tamaño que tiene el dibujo en comparación a la hoja, un dibujo bien esparcido, llenando la hoja entera, mostrará que el niño se siente seguro de si mismo; al contrario, si ocupan una pequeña parte puede indicarnos lo contrario, o también que nuestro hijo necesita poco espacio para expresarse. Pero si hablamos del tamaño de cada objeto del dibujo, los niños no tienen definido el concepto de la proporción, y siempre habrá partes más grandes que lo que deberían ser, aunque un elemento claramente desproporcionado es algo a lo que hay que prestar atención. Normalmente lo que dibuje grande es algo que al niño le importa, pero si es demasiado exagerado puede significar agresividad o temor. Elsa, 5 años. Una mamá grande, con brazos muy grandes, que podrían indicar agresividad, pero al ir proporcionados con su cuerpo, significa aprecio, que la niña recibe mucho cariño de esos brazos. Aunque ella es la hermana menor, se ha dibujado más grande, lo que puede indicar que siente celos hacia su hermana. La madre está vestida de princesa, y alrededor de todas ellas hay regalos, caramelos, hello kitty… y una ausencia por parte del padre, aunque esa ausencia no es completa. El padre trabaja fuera de casa y pocas veces está con ellas, pero aún así sí que está presente en la vida de la niña, pues no lo ha omitido del todo, el sol representa la figura masculina (al contrario que la luna). Cuando el padre viene, regala muchas cosas a sus hijas (regalos alrededor del sol). Maddi, 5 años. En este caso también vemos brazos grandes, pero de una manera más agresiva. De izquierda a derecha, el hermano pequeño está apartado y apenas tiene brazos, señal de que es el menos agresivo. La niña tiene un brazo más largo hacia la madre, lo que nos hace pensar que los problemas con ella los suele arreglar con violencia. De la misma manera, la madre, con grandes brazos y muchos dedos, también muestra algo de violencia. Por último, el hermano de la derecha también tiene un brazo más largo que el otro, pero no apunta hacia la madre. Puede ser que en esa casa haya muchas peleas y sea un poco caótica. Pero mientras la niña no muestre ningún síntoma más, éste dibujo no debe preocuparnos, en todas las casas hay peleas.

¿Qué colores utilizan los niños en sus dibujos?

Muchas veces los colores utilizados por el niño no se corresponden a la realidad. El que pinten el tronco de un árbol de color morado y las hojas rojas no significa que tenga algún tipo de problema creativo. Los niños utilizan el color que más les apetece utilizar, aunque desde un punto de vista más psicológico cada color tiene un significado.
Mikele, 4 años. No se puede negar que se trata de una niña creativa, a la que le gustan mucho las flores, viendo el gran tamaño de éstas respecto a la casa. Las flores también representan un deseo de agradar a los demás. Respecto a los colores, ha utilizado una gran variedad de colores, pero predominan los azules y verdes. Estos colores simbolizan la tranquilidad, armonía y confianza. Son colores claros y una combinación alegre, claro reflejo de la niña.
Nora, 5 años. Tenemos un dibujo muy curioso en el que la niña está jugando con su hermana pequeña en la calle, la hermana mayor, junto a un coche se encuentra sola, y los padres están dentro de la casa, durmiendo en habitaciones separadas. Los padres no prestan la atención que la pequeña quisiera tener, tal vez porque trabajen mucho y cuando vuelven están cansados. Aunque todos los niños de su clase estaban coloreando con ganas, ella decidió dejarlo casi en blanco, lo que representa una gran falta de emoción en su vida.

Los citados anteriormente son unos pequeños consejos básicos para interpretar parte del dibujo de nuestro hijo, pero debemos tener en cuenta que no somos expertos en la materia, y que aunque creamos que lo que vemos nos transmite algo, en realidad el niño quiere decir todo lo contrario.
Inés, 5 años. Éste es un claro ejemplo de que no debe realizarse una interpretación precipitada. En un principio podemos ver, alarmados, muchas tumbas e incluso, una niña flotando, como si fuese un espíritu. Pero tras hablar con la niña, sin nunca darle nuestra versión del dibujo, ella misma nos cuenta que ha dibujado una valla rodeando la casa. La niña flotando es, simplemente, que aún no domina bien los espacios. Para dejarla dibujar libremente hay que evitar interferir en sus pensamientos con nuestras interpretaciones. Hay que dejar que ella misma nos explique lo que es, porque si nosotros le hubiéramos preguntado por las tumbas, posiblemente su forma de ver el dibujo cambiaría y nos daría la razón. Por esta misma razón es conveniente que, al interpretar un dibujo, conozcamos la situación familiar del niño, a quién va dirigido el dibujo, saber si ha sido totalmente libre de escoger los materiales, etc.
Un dibujo nos puede aclarar muchas cosas, pero no nos va a dar la definición completa de un problema. Si vemos algo raro en los dibujos de nuestro hijo y no somos capaces de entenderlo, lo mejor será acudir a un especialista, Texto extraído de: http://www.elbebe.com/ocio-infantil/ninos-interpretar-dibujos-infantiles-significado pagina recomendada